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Nací un domingo de enero, con los ojos grandes y abiertos.

Despierta para disfrutar de los pequeños placeres de la vida desde niña. Hacer figuras con plastilina de colores, disfrazarme con ropa de los mayores y ponerme faldas largas con vuelo; comer croquetas de mi abuela y coger chocolate a escondidas en la despensa.

“Tiene la cabeza llena de pajaritos” decía una nota que mandaba la profesora a mis padres. Soñaba en clase con los días de verano en el pueblo, las risas y los juegos con los amigos en la calle, la libertad de cantar a pleno grito y bailar hasta la extenuación. Estaba enamorada de los recuerdos. Si no pensaba en ellos se evaporarían con el tiempo.

Un regalo: una cámara de fotos. Un sueño: atrapar los recuerdos.

Me llamo María y amo la fotografía. Mi mayor satisfacción hoy es poder ofrecer a los demás mi manera de mirar. Fotografiar el alma de las cosas, las emociones de las personas.